Sí, en el corazón del desierto de la guerra
habita también el oasis de la dignidad
que le resiste.
Rayuela[1]
Al pueblo iraquí, con profunda solidaridad en esta procelosa hora oscura.
INTRODUCCIÓN:
A propósito de los actuales acontecimientos suscitados en el contexto mundial,[2] sobre todo, la invasión a Irak –mejor que guerra- y reciente ocupación de Bagdad, su capital; es importante e imprescindible, que como cristianos reformados, digamos algo frente a tal brutalidad, emprendida por el nefasto gobierno de Bush. En otro tiempo, pero en momentos similares a los nuestros, el profeta Habacuc, dejó escuchar su potente voz profética y su queja, ante las injusticias acontecidas en su tiempo, su mensaje nos muestra la denuncia del pecado capital de los caldeos: sus desmesuradas ansías de dominio y de expansión territorial, sin importar todo el daño y la muerte que pudieran causar a su paso (Habacuc 1:9, 15; 2:5). Hoy el imperio en turno, el imperio petrolero de Washington nos muestra la misma ambición del otrora imperio babilónico; ubicado éste último, justamente en lo que actualmente es Irak, y que en el pasado fue cuna de la civilización, pero en el presente se ha convertido en un nido de barbarie. Este nuevo imperio, el imperio norteamericano, hace el mismo alarde de su orgullo prepotente, al igual que los caldeos lo hicieron en la antigüedad. Ellos, -dice el texto bíblico-:
(...) son gente cruel, que siempre están dispuestos a recorrer el mundo de lado a lado para adueñarse de tierras que no les pertenecen. Son espantosos y terribles, y no reconocen más ley que la suya. Sus caballos son más veloces que los leopardos, más salvajes que los lobos del desierto. Sus jinetes galopan en gran número y se lanzan al ataque desde lejos, como el águila se lanza sobre su presa. Todo lo destruyen a su paso; en su avance van sembrando el terror, y son más los prisioneros que hacen que las arenas que hay en el mar. Se burlan de los reyes y de la gente importante. Se ríen de las fortalezas, pues levantan rampas ante ellas y las toman por asalto. Pasan como un huracán; ‘no reconocen más dios que su propia fuerza’” (vv 6b-11)[3]
Las vivas imágenes que nos proporciona el profeta Habacuc, no están muy lejos de la actual experiencia iraquí. El profeta dice con justicia, “destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan” (1:3b). Pero frente a este panorama asolador, el Evangelio de Marcos, por su parte, nos muestra un “poder” completamente diferente al descrito anteriormente, no es el poder militar de algún ejército pequeño, pero tampoco es el poder del ejército más poderoso del mundo; es el poder liberador de Jesucristo, un poder que se opone a toda clase de opresión; sea ésta económica, política, social, militar, eclesiástica o espiritual. El poder de Jesús es el de un pobre nativo de una pequeña aldea, llamada Nazareth; sin ninguna influencia palaciega, económica o militar. Éste es un poder que no aplasta, pero sí que libera, un poder que se hermana con los humildes, con los pobres, con los débiles y desposeídos. Es el poder liberador de Yahvé, que en Jesucristo se ha humanado, acercándose a toda clase de oprimidos, enajenados, alienados y alineados. Es el poder que en el pasado se opuso al Faraón –prototipo del opresor por excelencia-, el poder que abrió el Mar Rojo en dos, el poder que abrió el Jordán, el poder que introdujo a Israel en la Tierra Prometida, el poder que se hizo hombre en Jesucristo, el poder que venció a la muerte, al pecado, y a Satanás.
A) LA NECESIDAD DE HABLAR:
Por todo ello, la Iglesia, siempre estará llamada a dar testimonio de este PODER liberador que en JC se hermana con los débiles; y consecuentemente, a oponerse también ella, a todo aquello que rebaje, la alta dignidad de Dios concedida a todos los seres humanos, la de ser y llevar su imagen y semejanza (Gn 1:26-27; 5:1-3). La Iglesia de JC es confrontada a tener siempre y en todos los casos, una voz profética, contra los falsos mesianismos imperialistas. A este respecto, resulta muy útil hoy, reconsiderar las apreciaciones de uno de los teólogos reformados, más importantes del siglo XX: Karl Barth, quien con una auténtica voz profética nos advierte del peligro de perder el derrotero, en relación con el imperativo categórico para la Iglesia de todos los tiempos:
Hay que repetir que el mandamiento de Dios, en la medida en que se le pueda y se le quiera escuchar, será siempre y en todas las circunstancias una llamada hacia la oposición, hacia la humanidad y contra todas las maneras de pisotearla; y, por tanto, una llamada a la toma de partido a favor de los débiles y contra la prepotencia de los fuertes. Es innegable que la comunidad cristiana ha tardado mucho en comprender esto, en relación con el moderno desarrollo capitalista…; y se ha hecho así corresponsable de la injusticia que caracteriza a este sistema.[4]
A la luz de eso, no podemos pasar por alto que el actual sistema económico neoliberal y globalizador en que estamos envueltos, ha propiciado una muchedumbre de pobres y miserables. Por ello, el presente ensayo, no es otra cosa, sino una llamada a la oposición contra la gran conflagración emprendida por George W. Bush contra el Tercer Mundo. No queremos ni podemos ser corresponsables de la injusticia que se está cometiendo en Irak. Así lo expresa el siguiente poema del extraordinario, poeta norteamericano Lawrence Ferlinghetti:
“Tomando una postura respecto a Irak”
(Fragmento)
Y una gran paranoia se propaga
por el país
Y América[5] convierte su ataque a
las torres gemelas
En el inicio de la Tercera Guerra
Mundial
La Guerra contra el Tercer
Mundo.
Y los terroristas de Washington
Embarcan jóvenes a los campos
de la muerte otra vez.
Y nadie habla
Y están provocando
A todos aquellos con turbantes
Y están desechando
A todos los inmigrantes
sospechosos.
Y están embarcando a los jóvenes
A los campos de muerte otra vez
Y nadie habla.[6]
Y nadie habla, es el reproche justificado de Ferlinghetti. Frente a estas circunstancias, ¿la Iglesia podrá callar? Por el contrario, la Iglesia, que se precie de tener a Jesucristo como su Señor y Maestro, y de conformidad con las Sagradas Escrituras, debe tomar una clara y enérgica postura contra la guerra en Irak, por tratarse de una invasión del todo injusta, que viola no sólo los más altos principios cristianos;[7] sino que también es una movilización que viola los derechos humanos, consignados en la declaración universal de la Asamblea General de la ONU. Una guerra que viola la convención de Ginebra, con la llamada intervención preventiva. Una conflagración que viola el derecho internacional, al atacar de forma unilateral a un país miembro de la ONU, sin la autorización expresa del Consejo de Seguridad. Bien lo decía ya, Cicerón: “Silent leges inter armas” (Las leyes guardan silencio cuando suenan las armas). Es indiscutible que en la lógica de Bush, una bomba “inteligente” dice más que mil palabras. Por eso, la diplomacia no sirvió para detener el conflicto. Así las cosas, la Iglesia no debe callar, tiene que hablar fuerte, ha llegado el momento de decir: ¡basta! Las lúcidas apreciaciones del juez español, Baltasar Garzón, son muy sugestivas con respecto a la guerra en Irak:
(...) primero, la guerra no ha sido declarado por autoridad competente según la legislación internacional; segundo, es una guerra injusta, un ataque preventivo difuso y con el fondo último de sustituir o derrocar a un régimen sin que haya medida de agresión, es de hecho, una guerra de conquista; tercero es una guerra inmoral, en este contexto no se atisba que ésta haya sido guiada por buenas intenciones, al contrario de lo que sucedió en Kosovo; y cuarto, no es una proporcionada, no constituía el último recurso, no había proporción suficiente entre las partes en conflicto, la desigualdad ha sido y se ha demostrado, clamorosa.[8]
Pero dejemos que nuestro propio texto bíblico, nos guíe en nuestra postura contra la guerra, contra este genocidio atroz. Pero antes, debemos adelantar que la guerra no es ni puede ser un medio justo para alcanzar la tan anhelada paz y seguridad mundial. No olvidemos que únicamente la justicia –no la seguridad- crea futuro[9]. No hay paz, sin justicia de por medio (Isaías 32:17). “Pero corra el juicio como las aguas y la justicia como arroyo impetuoso” (Amós 5:24).
B) UNA PANORAMA DE MUERTE COMO ESTILO DE VIDA:
Basta dar una sola leída al capítulo 5 del evangelio de Marcos, para darse cuenta, que en el fondo de ese capítulo un tema recurrente es la muerte. En primer lugar, tenemos al poseso gadareno que vive como un muerto en vida. Se mueve entre las cuevas que servían como sepulcros, el lugar favorito de los demonios. Se mueve en lo que es el colmo de la inmundicia, para un judío; por una parte, tiene a los sepulcros y por la otra a los cerdos. En segundo lugar, tenemos a la mujer con flujo de sangre, su vida ha sido un tormento, porque por doce largos años “había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía y de nada le había servido, antes le iba peor” (v. 26). Su vida es una muerte lenta y progresiva. Finalmente, está la hija de Jairo, que curiosamente también tiene 12 años, pero de edad. En esos momentos, ella “esta agonizando”, su vida esta a punto de llegar a su fin, y muy pronto llega la noticia de que “ha muerto”. Entonces surge la pregunta de: ¿para qué molestas más al Maestro? (v. 35). Total, todo ha terminado, no hay nada que hacer.
C) UN RELATO SOBRECARGADO:
El relato del endemoniado gadareno, parece ser el resultado de dos tradiciones completamente distintas, que finalmente fueron fusionadas en el relato que conocemos. Es una narración con numerosas repeticiones y aparentes contradicciones, como por ejemplo, la del versículo 2, donde dice que el endemoniado: “vino a su encuentro” –el de Jesús- después de que ha descendido de la barca. Mientras tanto, el versículo 6, dice que: “Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió y se arrodilló ante él”. Por otra parte, el relato del despeñadero de los puercos, resulta prácticamente imposible, por el hecho de que la ciudad de Gerasa está a más de 50 Km. del lago de Tiberiades.[10]
D) UN ENCUENTRO DISTINTO Y DIFERENTE:
La superioridad de Jesús queda demostrada desde el principio, es clara y contundente; sin embargo, el demonio quiere negociar su partida. Jesús es el más poderoso (1:7), el que ha sometido y atado al “hombre fuerte” (3:27)[12]. El demonio lo sabe muy bien, por eso se ha postrernado ante el poder de Jesús, pero intenta engañarlo, trata de persuadirlo, de tentarlo, como ya lo ha hecho antes (1:13). El demonio reconoce que no hay punto de referencia ni de encuentro entre él y Jesucristo y mucho menos de comunión (1:24). El demonio se siente amenazado, se siente en peligro, porque ante el poder de JC resulta imposible “seguir dominando”, convirtiendo a su “posesión” en una bestia. Esta siendo profundamente atormentado (5:7a).
El engaño:
Pero lo que viene a continuación es paradójico y esta fuera de toda lógica: “¡Te conjuro por Dios que no me atormentes!”. El demonio sabe que Jesús es el Hijo del Dios Altísimo. Esa es la verdad de facto, (1:1, 11; 9:7) pero este demonio, no quiere que actúe como tal, como lo que verdaderamente es. Muy por el contrario, el demonio utiliza el nombre de Dios, ¡para impedir la obra de Dios, a través de JC! ¡El demonio trata en vano de exorcizar a JC! Como si JC fuera el demonio torturador. Hay un cambio aparente de papeles; en el que el demonio hace lo que sería la obra de JC, y el demonio convierte a JC en el demonio torturador. Esto es muy revelador para nosotros, pero no es más que una patraña de las muchas de que se sirve el demonio. Lo que el demonio mismo hace con sus victimas, ahora se lo adjudica a Jesús. Esto es completamente falso. Aquí vemos, como se utiliza la mismísima fe en Dios, el nombre glorioso de Dios, para hacer daño, y no sólo eso, sino para impedir la obra de Dios. Bush se sirve de los mismos métodos para “liberar a Irak”. En muchas de sus intervenciones, no deja de mencionar y aludir a Dios, tratando de justificar sus malas acciones. Todo esto, como si Dios mismo, fuera su alcahuete, el dios que él invoca no puede ser el de la Biblia, más bien se ha hecho un dios a su medida; él y sus lacayos no reconocen más dios que su propia fuerza (Habacuc 1:11b). Al igual que el demonio, tergiversa la mismísima fe en Dios, para someter a su voluntad imperialista a una muchedumbre de gentes. En este sentido, es importante señalar lo que los medios de comunicación confirman:
La marcha de Washington hacia el genocidio ha sido impulsada por el fanatismo en varios estratos ideológicos. Bush es un fundamentalista cristiano, (...) Como muchos alcohólicos reformados, se ha aferrado al fundamentalismo cristiano con un fervor que llega al extremo de que haya lecturas diarias de la Biblia en los salones del gobierno federal. Afirma que Dios lo predestinó para ser presidente (con la intervención divina de boletas electorales defectuosas en Florida y una corte en manos de republicanos), y para guiar a la nación en una cruzada contra el mal que justifica el genocidio del pueblo irakí (la Babilonia del Cinturón de la Biblia estadounidense).
(...) La confluencia de estas visiones de extremismo religioso, de contenido étnico y militarista que imperan en la administración Bush es el motor que impulsa el genocidio premeditado. La creencia de que existe “gente elegida por Dios” y “personas especiales” limpia la conciencia ante cualquiera que piense en la suerte que correrán millones de víctimas iraquíes, y además prepara el camino para futuros asesinatos en masa en Siria, Irán, Corea del Norte, Libia y tal vez en la “Europa antisemita”, como la llamó Richard Perle, el principal asesor militar de Rumsfeld.[13]
La idea del Destino Manifiesto –es decir, la de un destino, un designio otorgado por Dios que significaba la inevitabilidad de la continuada expansión territorial de Estados Unidos hacía el Pacífico y más allá, y que fue usada por los expansionistas estadounidenses para justificar la anexión de Texas, Oregon, Nuevo Mexico, California y Hawai- esta idea, en su origen, no fue la de ese país, Estados Unidos, sino la de una raza: la sajona. Nació en Alemania. Pasó a Gran Bretaña donde contó con numerosos e importantes partidarios –como el gran filósofo inglés George Berkeley-, y prendió en el Nuevo Mundo. Reginald Horsman, en su libro, La Raza y el Destino Manifiesto nos cuenta que ya los habitantes de Nueva Inglaterra se creían, desde el siglo XVII, el pueblo al cual la providencia le había designado, no sólo como un privilegio, sino como una obligación, la tarea de llevar La Palabra a otros pueblos, y así iniciar una época dorada de la que se beneficiaría toda la humanidad. Cuatro siglos después, ésta sigue siendo la bandera de George W. Bush.[14]
Finalmente,
Dona Milbank enfatiza el “fervor religioso” del presidente Bush (...) (su primer libro religioso es la Biblia, que convirtió en manual de gobierno) (...) ahora pasaría por la etapa de la adicción teológica al fundamentalismo apocalíptico que versa sobre el Armagedón, cuando el “príncipe de los buenos” destruiría a los “malos” para que sea posible la parusía: el segundo advenimiento de Cristo[15].
Esto es solo una pequeña muestra de cómo Bush y su administración tergiversan la fe en Dios y la Palabra de Dios, para conseguir lo que se busca, en este caso el petróleo irakí.
E) DESVELANDO LA CARA SUCIA DEL IMPERIO:
A la pregunta de Jesús para que el demonio revele su nombre (v. 9) acudimos a la revelación de la naturaleza y esencia misma de ese género satánico. Lo que ha vuelto loco a ese hombre; lo que lo ata, lo degenera, lo que lo embrutece; es una fuerza descomunal, es la fuerza de la Legión. Esto resulta sorprendente, y aquí tenemos una clave de interpretación. Porque más allá de las interpretaciones alienantes que quieren ver aquí, la simple lucha entre Jesús y una fuerza espiritual común y corriente; lo que nos muestra el texto bíblico es aleccionador y quizá completamente distinto de lo que estamos acostumbrados a escuchar desde nuestros púlpitos. Como si se tratara de una mera liberación y expulsión de un demonio como las otras a las que se enfrenta Jesús. A estas alturas, esperaríamos que Marcos escribiera y describiera el nombre del demonio en griego, la lengua en la que escribe su evangelio, el primer Evangelio en ser escrito. Pero resulta que Legión, es una palabra latina –como la del epígrafe de Cicerón, mencionada antes-, la mismísima lengua del imperio en turno, el imperio romano. Las Legiones, eran la fuerza de ocupación del imperio, estaban compuestas por entre 5000 y 6000 soldados de infantería y caballería, eran la división más poderosa y mejor entrenada del ejército romano. Si hoy leyéramos el texto en nuestra lengua materna, el castellano, de pronto nos encontraríamos que ese demonio se llama: The army, The navy, y bien podría ser The air force one. Es un demonio muy poderoso, hablando en términos militares. Por eso, mucho del lenguaje que Marcos utiliza en esta parte de su Evangelio, es un lenguaje simbólico, tomado del pensamiento militar, de la jerga castrense. José Cárdenas Pallares, no los ha hecho notar ya:
Dado que en griego hay muchas palabras que significan una gran cantidad, y dado que Marcos escribió en griego, debió de haber tenido sus motivos para escoger una palabra de una lengua extranjera para nombrar al demonio. Además “aguele” (que puede significar “tropel”), “epitrepo” (que también puede significar “dar órdenes”) y “hormao” (que puede traducirse también como “arremeter”) pertenecen al imaginario militar.[16]
Estamos hablando entonces, de un demonio singular, que todavía tiene muchas cosas que revelarnos.
F) UNA PETICIÓN INSÓLITA:
Como ya hemos dicho, el demonio legión es muy singular. Todo en el relato es muy singular. Lo que dice la Legión, lo que hace, lo que pide, dónde está, todo tiene algo importante que decirnos. En Marcos 1:34, vemos a Jesús actuando y echando fuera “muchos demonios”. Y el texto añade: y no dejaba hablar a los demonios, porque lo conocían. Jesús no deja hablar a los demonios, porque no quiere que lleguen a revelar el secreto mesiánico. Por eso hace callar a los demonios, les cierra el hocico. No los deja hablar porque como ya vimos, ellos saben quién es Jesús. Ellos reconocen lo que los maestros de la Ley, no alcanzan a comprender, que JC es el Hijo del Dios Altísimo (5:7), que es el Santo de Dios (1:24). Pero ahora, con el endemoniado gadareno, las cosas son diferentes, Jesús no sólo lo deja hablar, sino que le pregunta por su nombre. ¿Cómo te llamas? –es el cuestionamiento que hace Jesús. Está es la única vez, en que Jesucristo permite y hace hablar a un demonio, y también es la única vez que pregunta por su nombre.
G) Y ALLÍ SE AHOGARON:
"Envíanos a los cerdos..." es otra petición; tratando de convencer a Jesús de una buena vez por todas, para que no los saque de allí, para que ellos sigan allí. Es un intento infructuoso, porque Jesús no está dispuesto a recapitular. No se dejará convencer o manipular. Pero, ¿por qué los cerdos? ¿Es que Jesús no tiene respeto por la vida de los animales? ¿O será que finalmente son simples animales inmundos? Nada de eso, lo que sucede es que así actúa el imperio. Quiere hacerse de lo que produce riqueza, de lo que puede ofrecer bienestar económico, de los medios de producción, de los medios de subsistencia. El demonio Legión, no sólo no quiere dejar el territorio, la región, la tierra, sino que quiere poseer algo más. Si se va, quiere llevarse algo. No es únicamente una fuerza de ocupación, sino que ante todo quiere apoderarse de lo que no le pertenece, de lo que no le corresponde. La Legión y sus demonios, quieren quedarse en y con los puercos. No están dispuestos a salir tan fácilmente, y además ¡con las manos, mejor dicho, las garras vacías! Quieren un botín. No es raro, en el ámbito militar y en tiempos de guerra, el despojo y el botín de guerra son lo indispensable, de lo contrario, las guerras no serían redituables. Así que el imperio y sus modernas Legiones también quieren apoderarse de algo, en este caso del petróleo de los iraquíes. “George Bush tiene ambiciones imperiales. Su intención es cambiar políticamente al mundo para tener colonias petroleras. Posiblemente ésa es la idea de Estados Unidos”.[17]
Esto asusta a la gente, no lo comprenden, no lo entienden y mucho menos lo soportan. Entonces, expulsan a Jesús de sus contornos. Jesús y su poder salvador y liberador causan malestar en la gente. Con Jesús las cosas ya no son las mismas, ya no pueden ser las mismas. Pero Jesús no se impone, porque como ya lo dijimos, el poder de Jesús no es uno que aplasta, sino que libera y da vida. Sin embargo, Jesús no acepta la propuesta de seguimiento del exposeso, pero lo envía a contar lo que Jesús ha hecho en su vida. Publicar el poder de Jesús es la misión del rescatado. Eso suscita un cántico de alabanza en el corazón, como en el éxodo (Ex 15) esa alabanza, expresa la gloriosa manifestación de Dios, que en Jesucristo se ha hecho presente y patente, y que ha llegado para no desaparecer jamás. Un día, cuando Jesús finalmente haya aplastado toda clase de opresión, cuando haya acabado finalmente con el Satán de una vez por todas, cantaremos ese mismo cántico de Moisés, con una actitud vehemente y expectante. Entonces, en aquel día, celebraremos el triunfo final y decisivo de un Cristo victorioso.
EXCURSUS
Para evitar suspicacias, debo precisar, que este ensayo, no representa una apología, del régimen tiránico y deleznable del dictador de Irak, Saddam Hussein. Sino que ante todo, es un fuerte llamado –como el que hacía Karl Barth- hacía la humanidad y contra toda clase de intento de pisotearla. Además resulta no menos cierto, que Bush representa una amenaza mayor para la humanidad en la actualidad, como ya lo han reconocido muchos expertos en temas internacionales. Este ensayo, si se quiere, se debe ubicar eso sí, como una defensa de los legítimos derechos de los ciudadanos iraquíes, frente al claro atropello de su derecho de autodeterminación, como nación y pueblo independiente. Nadie puede argüir legítima defensa al pisotear los derechos del otro, y al pasar por encima de la ley.
EMMANUEL FLORES-ROJAS
ABRIL DE 2003
[2] El presente ensayo, fue escrito en abril del 2003, recién se había efectuado la ocupación de Bagdad, sin embargo, las principales tesis siguen teniendo vigencia actual.
[3] El que esto escribe, recomienda el ensayo de Domingos Sávio Da Silva, titulado El pobre es el ¡No! divino a la violencia también intervencionista, (comentario sobre Habacuc) en RIBLA=Revista de interpretación bíblica latinoamericana, números 35-36, pp. 194ss. El texto de Habacuc procede de la Biblia Dios Habla Hoy, versión popular, SBU, México, 1999.
[4] En su monumental Dogmática Eclesial (KD, III, 4, 624), citado por José Ignacio González Faus en el prólogo del Esbozo de Dogmática de Barth, p. 9.
[5] Entiéndase Estados Unidos, no debemos olvidar que EE.UU. –como bien dice el filósofo Gómez Robledo- “había usurpado para sí el nombre patricio de América”. Citado por Fernando del Paso, en La Jornada, 18 de Marzo de 2003.
[6] El Universal, 6 de marzo de 2003. El subrayado es mío.
[7] Al respecto, véase el libro Principios teológicos y políticos del pensamiento reformado, donde se trata ampliamente el tema de la guerra desde una perspectiva reformada.
[8] El Universal, 10 de abril de 2003. El subrayado es mío.
[9] En estos momentos, resulta muy interesante, leer el libro del teólogo reformado Jürgen Moltmann: La justicia crea futuro. Política de paz y ética de la creación en un mundo amenazado.
[10] Al respecto, léase el comentario de Marcos 5:1ss en la Biblia de Jerusalén.
[11] Lo mismo sucede con la mujer menstruosa (Levítico 15:19ss). Pero también los actos de Jesús, lo hacen ceremonialmente impuro. El hecho de estar entre puercos y sepulcros, en una tierra extranjera, y ser tocado por la mujer, además de tocar a la niña muerta, todo ello es el colmo de la inmundicia. (Nm 19:11).
[12] El “hombre fuerte” es una imagen de Satanás, en ese sentido, es interesante notar que la palabra que Mateo usa en 12:29, para describir que el hombre fuerte es atado es la misma palabra que se usa en Apocalipsis 20:1ss, para describir la atadura de Satanás (el vocablo griego deo)
[13] “Genocidio y vida cotidiana en Estados Unidos”, James Petras, La Jornada, 16 de marzo de 2003.
[14] La Jornada, 18 de marzo de 2003.
[15] Citada por Alfredo Jalife-Rahme en “Fundamentalismo apocalíptico”, La Jornada, marzo 16 de 2003.
[16] El poder de Jesús el carpintero. Jesús y el poder en el evangelio de Marcos, p 85. Estoy muy agradecido con este trabajo de interpretación, porque como podrá apreciarse ha influido mucho en quien escribe este ensayo.
[17] George Baker en Día Siete No. 144, “Imperialismo petrolero”, suplemento de El Universal, pp. 34ss.

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