jueves, 14 de febrero de 2008

DE LA ÉTICA PROTESTANTE HACÍA UNA ÉTICA QUE PROTESTA

Aquellos que consideran a Calvino
como un mero teólogo no están bien
enterados de la grandeza de su genio.
J. J. Rousseau


INTRODUCCIÓN


La obra de Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo (Die protestantische Ethik und der 'Geist' des Kapitalismus), nos sirve de marco, para reflexionar en torno a la relación entre protestantismo y capitalismo, y más específicamente a la aparente relación entre calvinismo[1] y capitalismo. Ello obedece al especial énfasis que algunos ponen en lo referente a la ética económica de Juan Calvino y el ulterior desarrollo del capitalismo. Es a Karl Marx, a quien erróneamente se le atribuye el hecho de haber sido el primero en sostener que la religión, es el opio de los pueblos. Sin embargo, la historia nos dice que fue Charles Kingsley, un pastor protestante de tradición anglicana, quien expreso –antes que Marx- esa misma idea con las siguientes palabras: “Hemos usado la Biblia como si fuera un mero manual especial para alguaciles, como una dosis de opio para mantener quietas a las bestias mientras se las carga”.[2]

De la misma forma, como se le atribuye a Marx, esa idea en cuanto al papel que juega la religión en las conciencias de las personas, así, se ha hecho lo mismo con el pensamiento económico de Calvino, no sólo tergiversando lo relacionado con su ética económica, sino también asociándolo con el nacimiento del capitalismo actual. “Algunos historiadores y economistas han señalado la existencia de una relación entre el calvinismo y los orígenes del capitalismo. Algunos han tratado de probar que el calvinismo fue el espíritu propulsor del capitalismo”.[3]

Entre estos últimos se encuentra el economista y sociólogo Max Weber, quien en la primera parte de La ética protestante, insiste sobre “el carácter eminentemente protestante tanto de la propiedad y empresas capitalistas”[4]. Weber ha relacionado muy estrechamente el puritanismo calvinista y los valores éticos con que el hombre creyente debe impregnar su vida profesional, ha visto también, en la ética protestante, la aparición y desarrollo del capitalismo moderno. Así, desde la muy particular teoría de Weber, sería Calvino, uno de los creadores y promotores del sistema capitalista que conocemos.

Empero, como intentaremos poner de manifiesto en el presente ensayo, resulta que al “aproximarnos más al pensamiento económico de Calvino, veremos... como el ‘calvinismo de Calvino’ sirvió más bien de obstáculo contra el capitalismo”[5] moderno, que ha devenido en el actual sistema globalizador y neoliberal, y cuyas atrocidades resultan del todo manifiestas en el presente estadio. Parece más correcto pensar que el capitalismo y el calvinismo “comenzaban a cobrar impulso en la misma época, y que pronto se aliaron”[6]. Finalmente, aunque al Calvino histórico hay que leerlo “desde diferentes perspectivas para conservar su historicidad”, ello no significa sin embargo que tergiversemos su pensamiento a favor de cierta ideología. Pero también resulta cierto que “aquellos que se contentan con repetir las palabras de Calvino no son buenos calvinistas; no han aprendido de él, decía Barth.”[7]


MAX WEBER Y LA ÉTICA PROTESTANTE


Entre las múltiples investigaciones weberianas, destacan los estudios sobre el proceso de racionalización subyacente en la constitución de la sociedad capitalista, el método weberiano, contribuye a entender e interpretar el sentido de esos acontecimientos sociales. Weber investiga el nacimiento del capitalismo, buscando su «sentido» como fenómeno humano, que no sólo puede explicarse e interpretarse a partir de bases únicamente económicas, sino también religiosas. Enfrentado ideológicamente a Marx, Weber estaba convencido de que no era el materialismo (la búsqueda del dinero) el mecanismo social más importante, sino que la ideología, sobre todo religiosa, era el principio fundamental que regía la vida de las personas y los pueblos. En la Introducción de La ética protestante, menciona que su obra pretende “determinar la influencia de ciertos ideales religiosos en la formación de una <> de un ethos económico, fijándonos –dice- en el caso concreto de las conexiones de la ética económica moderna con la ética racional del protestantismo ascético”[8].

En la concepción de Weber, algo que distinguiría a la sociedad industrial moderna de cualquier otra anterior, es su objetivo de acumular bienes indefinidamente mediante la racionalización del trabajo profesional, impulsada por el ideal ascético del puritanismo tan característico del ulterior movimiento calvinista. Parte fundamental de este desarrollo lo protagoniza el proceso de racionalización, tendencia de una sociedad a modificar sus estructuras e instituciones sociales mediante la racionalidad. Para Weber, éste es el factor esencial que determina no sólo la conversión de una sociedad primitiva a una sociedad industrial, sino también todo el proceso de transformación y superación de las instituciones sociales, políticas, jurídicas y económicas en las sociedades occidentales modernas.

En la formación de ese «espíritu del capitalismo», habrían intervenido diversos factores causales, y precisamente en su ética protestante y el espíritu del capitalismo, analiza la concepción del mundo y la ética del trabajo, propias del calvinismo. Él sostiene, que “han sido siempre los protestantes (...) –y más específicamente los calvinistas- los que, como oprimidos u opresores, como mayoría o como minoría, han mostrado singular tendencia hacía el racionalismo económico”[9]. Entonces, el calvinismo y el puritanismo que estuvieron íntimamente relacionados, dadas sus condiciones “ascéticas”, constituyeron de una u otra forma un terreno fértil para el surgimiento del capitalismo europeo y también del norteamericano. Habría entonces una clara distinción entre los países de confesión reformada o calvinista (protestantes al fin), y los países de confesión católica, de tal suerte que el desarrollo de unos y el retraso económico de los otros, podría ser explicado, desde la confesión religiosa de cada país.

El católico... es más tranquilo; dotado de menor impulso adquisitivo, prefiere una vida bien asegurada, aun a cambio de obtener menores ingresos, a una vida en continuo peligro y exaltación, por la eventual adquisición de honores y riquezas. Comer bien o dormir tranquilo, dice el refrán; pues bien, en tal caso, el protestante opta por comer bien, mientras que el católico prefiere dormir tranquilamente.[10]

En este sentido, existe un auténtico ethos protestante, una naturaleza económica que permite que el individuo protestante sea movido por una cosmovisión particular del mundo y del trabajo. Una de las principales ideas protestantes, que darían forma –en la concepción weberiana- al surgimiento del capitalismo, es la doctrina protestante de la Predestinación. La racionalización del trabajo, como un todo organizado sería el orden que había que instaurar en el mundo, por mandato de Dios. Ese ímpetu permitiría que el calvinista viera en su avance económico, la mano de Dios, y puesto que Dios, es el soberano del mundo, éste se complacería en bendecir a sus escogidos. La más intensa piedad estaría así, íntimamente relacionada con el avance y éxito económico. La mejor señal de la predestinación sería una vida ascética, una vida que demanda testimonio fehaciente de estar entre los escogidos, a través del avance económico. Weber no duda en llamar al calvinismo como el “vivero de la economía capitalista”. Insiste tenazmente en que “la confesión <>[11] hubo de resultar excepcionalmente beneficiosa para el desarrollo del espíritu capitalista”[12].


EL ESPÍRITU DEL CAPITALISMO SEGÚN WEBER


En la segunda parte de La ética protestante, Weber desarrolla el tema en lo que se refiere al espíritu del capitalismo. Primero menciona que ese término no debe ser entendido de una forma reduccionista, no se debe entender únicamente lo que en su investigación se revela esencial para él. En segundo lugar, lo que pretende hacer, es una descripción “provisional” de ese espíritu. Así, en ese intento de descripción profesional toma como ejemplo de aquel espíritu económico a Benjamín Franklin en cuya obra que lleva el título de Advertencias necesarias a los que quieren ser ricos, desarrolla las siguientes ideas del llamado “espíritu capitalista”, el cual:

1. Piensa que el tiempo es dinero
2. Piensa que el crédito es dinero
3. Piensa que el dinero es fértil y reproductivo
4. Piensa que, según el refrán, un buen pagador es dueño de la bolsa de cualquiera[13]

En Franklin, según la visión weberiana, el espíritu capitalista, adquiere el carácter de una máxima de conducta ética. En el espíritu del capitalismo, Weber legitima y limita el proceso de acumulación del capital. Lo legitima porque es una especie de mandato divino que tienen que hacerse, lo limita porque no todos los hombres son parte de los escogidos.

A partir de Franklin, Weber define el espíritu del capitalismo como aquellos hábitos e ideas que favorecen el comportamiento racional para alcanzar el éxito económico. Weber expone su tesis de que la ética puritana ha influido en el desarrollo del capitalismo. No obstante que la religiosidad profunda normalmente va acompañada de un rechazo a las actividades mundanas incluyendo las económicas. Pero ¿por qué no fue éste el caso del protestantismo? ¿Por qué el protestante no ve en su trabajo una actividad mundana, asociada con lo que no es bueno ni deseable? Weber intenta explicar esta paradoja en su obra.

El comportamiento lógico es conseguir el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo no habiendo alicientes para seguir trabajando cuando se ha conseguido lo suficiente para llevar una vida modesta. Esta actitud estaba reforzada por la idea del trabajo como castigo por el pecado original dentro del ámbito netamente católico. En el ensayo señala que si a un campesino católico polaco se le duplica el sueldo, trabajará la mitad, porque no habrá necesidad de acumular más.

El protestantismo hizo salir a la calle el comportamiento de los conventos, donde los monjes trabajaban para glorificar a Dios[14]. De hecho, éste es uno de los lemas de los reformados Soli Deo Gloria. El trabajo era una actividad buena en sí misma al margen del enriquecimiento personal. En el ámbito protestante, el trabajo no sólo es visto como algo bueno y deseable, sino sobre todo como una bendición de Dios[15]. Por eso, el sacrificio en el trabajo y el éxito económico no era seguido por una recompensa con bienes terrenales sino como una prueba de ser los elegidos: la predestinación.

Weber hace la observación de que los calvinistas no hacían ostentación de sus riquezas, gastándolas en tierras u objetos de lujo sino al contrario (todos vestían de forma modesta) y los beneficios los reinvertían continuamente generando así un "círculo virtuoso", convirtiendo en pocas generaciones un pequeño negocio familiar en una próspera empresa. Intentando responder a la afirmación de que en ese entonces (1905) no es la ética protestante la que rige el sistema económico, Weber argumenta que cuando el capitalismo ya está consolidado, los principios puritanos que originaron la nueva economía ya no son necesarios, ya que el sistema se mantiene a sí mismo.

Weber observa que la mayor parte de los inventores de maquinaria práctica han sido protestantes, sobre todo calvinistas (entre los que se encuentran los puritanos, presbiterianos escoceses, hugonotes, holandeses y suizos), mientras en el mundo católico o luterano la tendencia es a la investigación científica sin posibilidad de aplicación al mundo económico. A la luz de lo anteriormente expuesto y en el particular punto de vista de Weber, la ética protestante sería una condición sine qua non hubiera sido posible el surgimiento del actual desarrollo capitalista. La cuestión que se plantea ahora, es si efectivamente esa concepción weberiana del trabajo y de la ética protestante es acertada, o si es una interpretación del todo gratuita. Para eso, nos detendremos más de cerca en la ética económica de Calvino, y no meramente en lo que mucho tiempo después los puritanos pensaban acerca del trabajo y de la ética que acompañaba a este.


CALVINO Y SU ÉTICA ECONÓMICA


Calvino puso especial énfasis en el trabajo, como una forma de santificación, el vicio que combate con más ahínco es la pereza. “Echa en cara a los monjes que no trabajan con sus manos, y viven de los bienes de otros”[16]. El trabajo es una bendición de Dios, a través del cual, se transforma el mundo y al hacer eso, el hombre también es transformado[17]. Aquello que Calvino defendió denodadamente y que llegó a ser su obsesión primaria, fue el tema de la Gloria de Dios, Soli Deo Gloria, su visión del trabajo, está enmarcada por esa profunda convicción religiosa. “El sentimiento particularmente austero de la vida, la conciencia del calvinista de pertenecer a un mundo de elegidos, hacen que la teoría de la predestinación, (...) produzca un vigoroso optimismo favorable al desarrollo de laboriosidad humana”[18]. Pero de ahí, a considerar al calvinismo, como el catalizador que motivo el desarrollo capitalista, lleva a matizar la posición weberiana. Hay una gran diferencia entre el trabajo vigoroso y la ganancia a ultranza, entre la laboriosidad y el capitalismo atroz. Para darse cuenta del enorme abismo que separa la ética económica de Calvino y el capitalismo moderno, es suficiente conocer un poco de la vida y obra de Calvino, eso mostrará, que algunas afirmaciones de Weber no concuerdan plenamente con el pensamiento del reformador.

Eliseo Pérez, dice que “Weber se protege a sí mismo diciendo que él no está estudiando el punto de vista personal de Calvino, sino el calvinismo”[19]. Además de que equipara al calvinismo, con el puritanismo inglés del siglo XVIII, y no sólo eso, sino que toma como paradigma representativo del pensamiento de Calvino a Benjamín Franklin. Aunque Weber tuvo de primera mano, las Instituciones de la religión cristiana, -obra cumbre del pensamiento teológico de Calvino- “no fue capaz de presentar, como pruebas históricas, nada más que textos tardíos puritanos, (...) [y] de estos escritos mencionó sólo la mitad de la verdad. Silenció la responsabilidad frente a la comunidad, la preocupación por los débiles y la educación para el bien común, que vienen expresados en estos escritos pastorales y que son patrimonio esencial de la vida puritana[20].

Esto permite ver que Calvino, lejos de estar relacionado directamente con el capitalismo, fue consecuente con un estilo de vida más bien precario y austero, que siempre mantuvo en Ginebra hasta el día de su muerte[21]. “Juan Calvino, y todos aquéllos que recibieron la influencia de él, tanto en ideas como en la manera de ver el mundo, pusieron gran énfasis sobre la necesidad imperiosa que cada ser humano, cristiano o no cristiano tiene de trabajar”[22]. El trabajo ejecutado en el theatrum gloria Dei, en el mundo como el teatro de la gloria de Dios, es consubstancial y por tanto, un mandato divino impuesto -en el pensamiento de Calvino- al hombre. En este sentido, hay que rechazar cierta dicotomía falsa que ve dos entidades en oposición, el mundo y el cielo, la carne y el espíritu. El trabajo humano es por ello una respuesta a la vocación divina de cultivar el huerto [=mundo] (cfr., Génesis 2:4-5, 8, 15; 3:23; Proverbios 6:6ss; 10:4; 12:24; 13:4; 15:19; 19:15; Eclesiastés 2:24; 3:22)[23]. La ética económica de Calvino no fomenta de ninguna manera una especie de “escapismo” del presente mundo, sino una transformación de él. Pero actualmente, aunque “Calvino tiene muchos herederos dispuestos a cultivar la caridad,... carecen totalmente de un interés por la justicia social. La única libertad por la que están dispuestos a luchar es la libertad para acumular riquezas”[24].

La ética económica calvinista, lejos de ser elitista, está empapada de un profundo sentido de la justicia social, eso queda plenamente manifestado en sus comentarios de Éxodo 20:15 y Deuteronomio 5:19, donde comenta respecto al robo y la violencia, lo siguiente:

De aquí que los hombres roban no sólo cuando en secreto toman las propiedades de otro, sino también cuando ganan dinero al perjudicar a otros, acumulando riqueza en forma cuestionable o preocupándose más por sus propias ganancias que por la justicia. En consecuencia, todas las formas equivocadas de apropiarse la propiedad de otros están incluidas bajo el robo; pues no hay diferencia entre el robo por medio de la violencia y por medio del fraude[25].

El moderno desarrollo capitalista globalizador y neoliberal, lo único que ha producido es más riqueza, pero sobre una muchedumbre de pobres, el sistema está elaborado para ganar y obtener ciertos beneficios económicos sobre la miseria de las masas. Este desarrollo del capitalismo atroz no puede ser obra de una ética basada en el amor a Dios y al prójimo. “La ética económica de Calvino, en sí, no es una ética consecuencialista o de la eficacia, cuyo valor estribe en la utilidad monetaria; más bien es una ética de servicio a Dios y al prójimo y una ética de auto-control personal”[26]. El sistema capitalista que Weber ve cobijado por una ética protestante es un robo porque gana dinero al perjudicar a otros, con lo que la riqueza acumulada es del todo cuestionable. La ética económica de Calvino no estaría aparejada con el sistema económico actual. Sobre todo, porque “el calvinista relaciona la responsabilidad humana con el plan todoabarcador de Dios. La responsabilidad humana no tiene lugar en un vacío, sino que ocurre dentro de la historia que está bajo la disposición última de Dios. De manera que, el hombre es responsable como criatura de Dios”[27].


CALVINO Y LOS POBRES[28]


Calvino hizo una clara distinción entre hombres que trabajan y personas que se aprovechan del trabajo de otros. En la Ginebra de Calvino, a los pobres no se les grababan los prestamos con interés y a los huérfanos se les educaba gratuitamente. Si bien Calvino era receloso en cuanto a la gran riqueza, no veía ningún merito en el hecho de ser pobre. Puesto que los ginebrinos estimaban que glorificar a Dios era un deber de la sociedad en su conjunto, y este deber conllevaba, entre otras cosas, erradicar la pobreza, y había un plan para hacer eso. En 1536 cuando en Ginebra se reformó la Iglesia, se crearon dos importantes instituciones de asistencia a instancias de Calvino: el Departamento de Educación Pública y el Hospicio. La educación tenía que estar al alcance de todos y ser gratita para todos los muchachos, sin olvidar a los huérfanos. Así mismo, había que cuidar de las personas enfermas y menesterosas[29].

Calvino tenía una predilección especial por un pasaje que, leído en el contexto actual, tal vez pudiera parecer bastante duro: “Quien no quiera trabajar, que tampoco coma” (1 Tesalonicenses 3:10) Al comentar este texto, Calvino lo relaciona con el contenido del Salmo 128:2, a saber, “Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y te ira bien”, realizando de esta forma una interpretación positiva del citado pasaje, y desechando la idea de dejar morir de hambre a los holgazanes.

Calvino promovió asimismo la ética protestante del trabajo, cintando lo recogido en Proverbios 10:4: “mucho trabajo, riqueza”. De esta forma, se hace valer la dignidad del trabajo, y, en consecuencia, también del derecho de los trabajadores a disfrutar y a beneficiarse en y del trabajo. Esta concepción del trabajo podría ser el principio de una teología de los derechos de los trabajadores.

Calvino no era partidario de las personas que no trabajaban se beneficiaran del trabajo de los demás. Este planteamiento nada tiene que ver con los pobres, sino más bien con lo holgazanes. Calvino sostiene que la holgazanería está condenada por Dios, mientras que los pobres deben recibir la ayuda de los diáconos, recibir ayuda financiera mediante la concesión de préstamos exentos de interés, y beneficiarse de la venta de los bienes de las iglesias a fin de socorrerlos. Los niños pobres debían ser educados gratuitamente.

Calvino interpreta el pasaje arriba citado, como una forma de instruir a los habitantes de Tesalónica para que no se fomentará la holgazanería, compartiendo los recursos con aquellos que no trabajaban ni los necesitaban. Denuncia el comportamiento de los que viven a costa del sudor de la frente del prójimo y que no hacen nada para ayudar al pueblo. No se refiere expresamente a los pobres, ni tampoco a los desempleados, sino a aquellos cuya función es cuidar de su familia.


CONSECUENCIAS DE LA PREDESTINACIÓN BIEN ENTENDIDA


Las doctrinas de la predestinación y de la elección que procede de aquélla, y que Calvino lleva ciertamente hasta sus últimas consecuencias, han sido una de las ideas más atacadas y caricaturizadas del pensamiento teológico del reformador francés. Ello obedece a una mala comprensión de tales doctrinas reformadas. Se cree que esas doctrinas son un mero determinismo, a través del cual Dios ha predestinado a unos para vida y a otros para muerte, sin dejar lugar alguno a la libertad del hombre (la doble predestinación). Sin embargo, la predestinación y la elección, no tienen que ver fundamentalmente con un grupo selecto de personas –los calvinistas- que se distinguen por su desarrollo económico y financiero, de los que no están dentro de los escogidos.

¿Pero cómo es entendida la predestinación entonces? Boettner sostiene que la predestinación es:

...la doctrina teológica, asociada primeramente con el calvinismo, que afirma que Dios ha preordenado todas las cosas desde la eternidad, incluyendo la salvación o reprobación final del hombre. (...) Probablemente su expresión más completa se encuentre en la Confesión de Fe de Westminster, que es la norma autoritativa de la mayoría de las iglesias presbiterianas y reformadas a través del mundo[30]

A partir de la anterior definición se puede ver claramente, como es que la predestinación y la elección, no tienen que ver fundamentalmente con la economía sino con la salvación y redención de los hombres. Esas doctrinas estarían dentro de lo que teológicamente se conoce como soteriología. Pero sobre todo, las doctrinas de la predestinación y de la elección, no dan licencia para la presunción y el egoísmo, sino que lejos de asegurar al hombre un lugar privilegiado entre el resto de los seres humanos, colocan a éste en una posición de responsabilidad frente al autor de tal hecho.

Además, según la tesis sostenida por Arjona en De la sumisión a la revolución: la influencia de Calvino en el desarrollo del protestantismo francés[31], el movimiento calvinista fue desde su nacimiento, un movimiento popular, que reunía, sobre todo a los perseguidos por causa de sus convicciones religiosas. La doctrina de la predestinación, es fruto de una teología emergente y coyuntural, que responde a una situación específica de persecución y muerte de los hugonotes franceses. En medio de eso, cobra nuevo sentido el significado de esa doctrina, para aquellos que estaban siendo oprimidos y perseguidos. Como Moltmann sostiene:

El hecho de que subrayaran su sólida vocación en la fe, nada tenía que ver con una conciencia de elección elítica. Para ellos elección no significaba otra cosa que perseverar en la fe hasta el fin, resistir todas las seducciones y todas las medidas coercitivas, mostrando una firmeza inquebrantable. La doctrina calvinista de la predestinación debemos entenderla a la luz de las experiencias del sufrimiento y de la persecución, así como de la admirable resistencia de muchos de esos cristianos; de lo contrario, no lo entenderemos en lo absoluto. Un testimonio inolvidable a este respecto, es la expresión resister grabada en piedra por Marie Durand en la torre de Constance en Aigues-Mortes, al sur de Francia. En esta torre estuvo ella encarcelada 40 años. Cuando los cristianos reformados acentuaban en su vida la santificación, querían expresar, dentro de la situación beligerante en que se desenvolvían, la necesidad del no-conformismo cristiano[32].

Esto está íntimamente relacionado, no con una supuesta ética protestante, de corte calvinista, que preparó el advenimiento del capitalismo moderno; sino fundamentalmente con una ética, con una naturaleza que desde su nacimiento protesta y se rebela revelándose como no-conformismo con la situación actual. Se trata, no de una ética que sirve a los intereses imperialistas y palaciegos, sino de una ética comprometida con todos aquellos que sufren cualquier clase de opresión, sea económica, política, militar, social o eclesiástica. Marx y Engels escribían en el Manifiesto del partido comunista, en 1848, “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma...”. Actualmente el fantasma del comunismo, ya no sigue acosando a la vieja Europa; ahora, es el negro fantasma del capitalismo neoliberal y globalizador, el que recorre, no ya a Europa, sino al mundo entero, empobreciendo a millones y enriqueciendo a unos cuantos. El calvinismo de Calvino, lejos de promover el desarrollo capitalista atroz, constituyo más bien una voz de protesta contra la prepotencia de los fuertes. Concluimos con el pensamiento de uno de los discípulos más conspicuos de Juan Calvino, Karl Barth teólogo y pastor reformado suizo, quien con una auténtica conciencia histórica, se dio cuenta muy pronto del peligro que representaba ya en la primera mitad del siglo pasado, el desarrollo capitalista moderno:

Hay que repetir que el mandamiento de Dios, en la medida en que se le pueda y se le quiera escuchar, será siempre y en todas las circunstancias una llamada hacia la oposición, hacia la humanidad y contra todas las maneras de pisotearla; y, por tanto, una llamada a la toma de partido a favor de los débiles y contra la prepotencia de los fuertes. Es innegable que la comunidad cristiana ha tardado mucho en comprender esto, en relación con el moderno desarrollo capitalista…; y se ha hecho así corresponsable de la injusticia que caracteriza a este sistema[33]

Así pues, el reto de la auténtica ética protestante, es convertirse en una ética no conformista, y por tanto, en una ética que protesta.


Emmanuel Flores-Rojas,
Universidad Autónoma del Estado de México.
Ponencia presentada en el
“XXI Encuentro Nacional de Estudiantes y Pasantes de Filosofía” (CONEFI)

[1] El calvinismo o sistema reformado, debe su nombre al teólogo y reformador francés Juan Calvino (1509-1564). Sus herederos son conocidos en el mundo como presbiterianos o reformados, lo cual es mejor que llamarlos calvinistas, porque como sostiene Meeter: “Él hubiera –Calvino- sido el primero en oponerse a esa etiqueta. Es mejor llamarle pensamiento reformado o cosmovisión reformada”. Meeter y Marshall, Principios Teológicos y políticos del pensamiento reformado, Libros Desafío, Grand Rapids, 2001, p. 19.
[2] Citado por Pérez, Eliseo “La ética calvinista” en Calvino vivo, El Faro, México, 1986, p. 169.
[3] González, J. L., Historia del cristianismo, tomo 2, UNILIT, Miami, 1994, p. 78.
[4] Weber, M., La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Albor, Argentina, 1999, p. 40.
[5] Pérez, E., et. al., op. cit., p. 170.
[6] Gonzáles, J. L., op. cit., p. 78.
[7] Arjona M., R. J. De la sumisión a la revolución: la influencia de Calvino en el desarrollo del protestantismo francés (tesis de licenciatura), Centro Basilea de investigación y apoyo, A. C., México, 2001, p. 7.
[8] Weber, op. cit., p. 33.
[9] Ibíd., p. 45.
[10] Offenbacher, citado por Weber en op. cit., p. 46.
[11] En el leguaje evangélico castellano, la palabra "reformista" o "reformador" significa: lo que tiene que ver o se deriva de las reformas protestantes del siglo XVI. En cambio, el término "reformado" solo se aplica a aquellas iglesias protestantes cuyo origen estaba en Suiza: "reformado" equivale a lo que popularmente también se llama "calvinista" (aunque este término es poco preciso). La iglesia luterana, en cambio, no es una iglesia "reformada", pero sí reformadora.
[12] Weber, op. cit., p. 49.
[13] Ibid., pp. 54ss.
[14] Aunque como se verá más adelante, la holgazanería es algo que Calvino le echa en cara a los monjes, cfr. supra p. 6.
[15] Véase p. e. Metter, H. Principios teológicos y políticos del pensamiento reformado, Libros Desafío, Serie Cosmovisión Reformada, Grand Rapids, 1990, pp. 9ss.
[16] Aranguren, Catolicismo y protestantismo como formas de existencia, Biblioteca nueva, Madrid, 1998, p. 93.
[17] La tradición protestante de ninguna manera ve el trabajo como un castigo o una maldición por el pecado del hombre. Al contrario ve en él la forma de ejecutar el plan de Dios en el mundo (Génesis 2:5, 8, 15)
[18] Saitta, Guía crítica de la historia moderna, FCE, México, 1998, p. 73.
[19] Pérez, op. cit., p. 169.
[20] Moltmann, et. al., El experimento esperanza, Sígueme, Salamanca, 1977, p. 104.
[21] Véase Van Halsema, T. B., Así fue Calvino, Libros Desafío, Grand Rapids, 1998.
[22] Mackay, El sentido presbiteriano de la vida, El Faro, México, 1969, p. 240.
[23] En perspectiva bíblica, el trabajo, nace como un bendición de Dios. Para el autor bíblico, el trabajo forma parte del ser mismo del hombre. A través de él, el hombre cumple un don divino, puesto que Dios trabajó durante seis días en la creación del mundo, de ese mismo modo, el hombre debe trabajar (Gn 2:1-3). Pero no todo en la vida es trabajo, el hombre no vive para trabajar sino del trabajo, por eso Yahvé Dios, estableció un día de descanso obligatorio, antes que cualquier regulación humana lo estableciera, Dios ya lo había hecho (Éxodo 20:8-11, y especialmente 31:12-17). En este sentido, no sólo el obrar de Dios sirve de modelo para el trabajo humano, sino que el descanso divino también sirve de paradigma para el descanso del hombre. La idea de que el trabajo es una especie de maldición por el pecado del hombre, no encuentra ningún respaldo bíblico; porque en el Huerto de Edén –contrario a lo que muchos piensan- ya se trabajaba, no se holgazaneaba. Se equivocan quienes piensan en el trabajo como una expiación y no como una bendición. Lo que hizo el pecado, fue hacer más duro el trabajo (Gn 3:17-19). En ninguna parte de la Biblia, el trabajo se presenta como un castigo, sino como la actividad que permite al ser humano cumplir con su responsabilidad en el mantenimiento y desarrollo del mundo y en la realización de sí mismo (cfr. Gn 1:2; 2:4-5, 8, 15; 3:23). Sólo a causa del pecado, el trabajo adquirió las características de un esfuerzo penoso (Gn 3:17-19). Pero de hecho, después de ser expulsado del huerto o jardín de Edén, los hombres reciben el mismo mandamiento de “labrar la tierra” (Gn 3:23); ese mandamiento estaba ya tipificado antes de la transgresión primera o caída y se mantiene después de ésta, porque la voluntad de Dios era que el hombre en cuanto “imagen y semejanza” de Él, trabajara. Vale la pena mencionar, que Jesús veía con buenos ojos el trabajo (Juan 5:17), y por cierto, alentaba a trabajar. Nadie que se considere discípulo de Jesús debe menospreciar o rehuir al trabajo.
La posición cristiana y reformada del trabajo es la siguiente: “En cambio, quienes buscan elaborar una perspectiva cristiana del trabajo se vuelven en primer lugar hacia la Creación. A raíz de la Caída algunos trabajos se volvieron agobiantes (la tierra fue maldita y su cultivo sólo fue posible con trabajo pesado y dolor), pero el trabajo mismo es consecuencia de nuestra creación a imagen de Dios. En Génesis 1 Dios mismo se presenta como trabajador. Día a día, o etapa por etapa, su plan creativo se fue cristalizando. Es más, cuando vio lo que había creado, lo declaró "bueno". Disfrutó de perfecta satisfacción por la tarea concluida. Su último acto creativo, antes de descansar el séptimo día, fue la creación de los seres humanos, y los hizo trabajadores como él. [...]
Luego, en la segunda descripción de la creación, que se concentra en el hombre, leemos: "Y Jehová Dios plantó un huerto... Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrará y lo guardase" (Gn 2:8,15). Así Dios plantó el huerto y dios creó al hombre. Luego puso al hombre que había creado en el jardín que había plantado y le mandó cultivarlo y cuidarlo. Así como había dejado la tierra en general a cargo del hombre, también le encomendó el huerto en particular. Más adelante (Gn 4:17ss.) se describe a los descendientes de Adán edificando ciudades, criando ganado, fabricando y tocando instrumentos musicales, y forjando herramientas de bronce y hierro. Al parecer, la descripción corresponde a mediados de la Edad de Piedra.
Aquí pues están Dios el trabajador y el hombre trabajador y quien comparte la imagen y el señorío de Dios. Y los cristianos querrán agregar también a Jesús el trabajador, a la mesa del carpintero, demostrando la dignidad de los oficios manuales. A la luz de estas verdades reveladas acerca de Dios, Cristo y el hombre, ¿cuál es la visión cristiana del trabajo?”. “Trabajo y desocupación”, en Stott, John, R. W., La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos, Libros Desafío, Grand Rapids, 2002, pp. 191ss.
[24] Ibíd., p. 241.
[25] Citado por Pérez, en op. cit., p. 173.
[26] Pérez, op. cit., p. 176.
[27] Harrison, E.F., Diccionario de Teología, Libros Desafío, Grand Rapids, 2002, p. 94.
[28] Para todo lo siguiente, véanse los Documentos de trabajo de la 24ª Asamblea General, Accra 2004, Alianza Reformada Mundial (WARC, por sus siglas en inglés): Que todos tengan plenitud de vida. Especialmente el documento Plenitud de vida para todos: Justicia económica, donde se dice que el sistema económico mundial favorece el comercio en pos del lucro por sobre una economía a favor de la vida. La deuda y la corrupción han sumido a muchos países en la dependencia de instituciones financieras internacionales. El flujo de capitales con fines especulativos se ha multiplicado por cien, mientras en muchos lugares las familias claman por el pan de cada día.
[29] Cfr., infra p. 7.
[30] Ibíd., pp. 479ss.
[31] Cfr., pp. 71ss.
[32] Moltmann, et. al., op. cit., p. 102.
[33] En su monumental Dogmática Eclesial (KD, III, 4, 624), citado por José Ignacio González Faus en el prólogo del Esbozo de Dogmática de Barth, Sal Terrae, Santander, 2000, p. 9.

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